Miedo a la medición en recursos humanos.

Estamos atrapados por el miedo a la medición del rendimiento de los recursos humanos en las organizaciones. Todos estamos asustados por las consecuencias que puedan tener esas mediciones. Los datos relacionados con las personas nos aterran. Es como si les fuésemos a robar el alma a nuestros profesionales, solo por relacionar lo que hacen con un dato.

Es lo que tiene el miedo, todo lo trastoca y todo lo bloquea. No nos deja ver la realidad. Nos pone una venda en los ojos y no nos deja actuar. No nos deja un camino claro de acción. Y cuando no tenemos un camino claro, solemos manejar muchas opciones, todas ellas interesantes a priori, pero que luego realmente nos hacen “dar palos de ciego”.

Gurús y miedo.

Una de esas opciones son los gurús organizacionales. Acudir a ellos, es como cuando necesitamos realizar un exorcismo: vamos a ver si nos encomendamos a un profesional tan especializado, como extravagante, que nos saque de esta tenebrosa situación.

Que sea capaz de hacer rendir a nuestros profesionales con palabras mágicas, que bajo ningún concepto nos comprometan a nosotros a ningún sacrificio fuera de la realidad terrenal en la que actuamos cada día.

De esa manera, evitamos enfadar a los espíritus que están rodeando a nuestros equipos y que piensen que somos tanto culpables, como merecedores de una maldición que rompa la calma de nuestro clima organizacional.

Felicidad contra fantasmas.

Otra opción es recurrir a la felicidad para no dejar entrar en nuestra organización al fantasma del malestar. Es un fantasma que aparece siempre que pretendemos perseguir un esfuerzo con nuestros profesionales.

Si decimos la palabra “esfuerzo”, en cualquiera de nuestras reuniones de equipo, rápidamente tenemos que implementar planes de felicidad para nuestra organización. Planes que aglutinen todas las medidas posibles para que nuestros profesionales, tengan el máximo confor y que nada les moleste.

Sin molestias, la palabra esfuerzo desaparece. El fantasma deja de rondar a los equipos y éstos, se vuelven felices. Esa felicidad genera un esfuerzo diferente. Un esfuerzo con sonrisa y alegría. Ese esfuerzo, sí permite que los profesionales alejen cualquier probabilidad de toma de consciencia sobre la realidad del malestar que implica esforzarse para conseguir una meta.

No hay ánimas, si tenemos ánimo.

Las ánimas no van a molestar a nuestros profesionales, si estamos volcados en llenar nuestra organización con artilugios del bienestar. Los detestan y las alejan. Cuando un ánima encuentra un gimnasio en nuestra organización, un espacio de relajación o una habitación mindfulness, sale despavorida.

Por eso, llenar a nuestros equipos de salud previene la entrada de estos espectros, que solo buscan aterrarlos y robarles el rendimiento. El rendimiento, que es un alma pura y sagrada para nuestra organización, debe de estar siempre protegido por un estado de ausencia de enfermedades posturales, de tensión psicológica y de malas disposiciones hacia el trabajo.

El demonio de los datos.

Es el peor de todos. El jefe de todos estos entes perturbadores de nuestros profesionales. Implacable en todas sus formas y maneras de mostrarnos la realidad de qué hacen nuestros equipos.

Para enfrentarnos a él necesitamos, al menos, las tres anteriores opciones juntas. Y aun sí, puede que no nos salvemos de su ira. Los gurús pueden darnos la fuerza para enfrentarnos a la realidad de sus conclusiones. La felicidad nos puede permitir olvidarnos de su existencia, haciéndonos creer que no existe, que no estamos actuando bajo su influencia. Y el bienestar, nos ayuda a desconectar un breve tiempo de su autoridad, de forma que podamos coger fuerza, nuevamente, para cuando vuelva a hacer acto de presencia.

Aterrador panorama con algo de luz.

Siniestro es este giro que han dado los recursos humanos en las organizaciones. Todo está enmascarado para no hablar claramente sobre este aterrador panorama. Incluso, profesionales de éxito, que han llegado gracias a la lucha continua con estos miedos, ahora ya no quieren volverlos a recordar, y hablan de conseguir sus éxitos gracias a no medir, a no utilizar los datos, sino a creer en el valor de las personas para enfrentar a estos terroríficos seres. Ya no se acuerdan de su “esfuerzo”, ni de su “rendimiento” para llegar donde han llegado. Es un cuento de miedo que han dejado atrás.

Pero hay luz en todo este camino. Hay una forma de luchar contra todo este estado de pánico y conseguir superarlo, llevando a los recursos humanos hacia un camino de luz y prosperidad. Convirtiéndolos en el eje que siempre deberían haber sido de toda esta lucha.

Hay unos seres que pueden conseguirlo. Son los ”humanos con recursos”. Profesionales que tienen habilidades y que no les importa ni medirlas, ni mejorarlas. Que no temen conocer cuál es su verdadero impacto en la organización y sin miedo a los resultados.

Quieren ser protagonistas. Quieren tener una estrategia con la que derrotar al miedo de los datos y ser un punto de apoyo estratégico para el resto de la organización que, curiosamente, sí mide y lucha contra estos miedos, sin ningún problema. Lo que necesita es más ayuda para tener menos sustos en los resultados organizacionales.

Me alegro de que el método MindCompanySport esté encontrando y entrenando a estos valientes ghostbusters, porque cuanto más nos disfracemos para escondernos de los fantasmas, antes nos encontrarán. Y es que no hay esquina organizacional, a la que no llegue el diablo del rendimiento.

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