El infinito cuento de la formación.

No hay una historia más bonita e idílica que la de la formación en la empresa. Es un cuento de hadas eterno que no tiene fin. Cada día salen nuevas versiones que alargan sus aventuras dentro del mundo del management y las organizaciones. El problema de los cuentos, es que son cuentos.

El último de estos cuentos, es la formación y su necesidad de adaptarse a los nuevos profesionales, si quiere ser una herramienta útil para la organización.

La formación no está para dotar de conocimiento adaptado a las nuevas generaciones (los millennials, por ejemplo). La formación es una herramienta para poner el conocimiento al servicio de los profesionales. Éstos han sido contratados por las organizaciones para que desempeñen unas funciones por las que van a ser retribuidos.

Los programas formativos sirven para alcanzar mayores cuotas de rendimiento y productividad en la organización, al mismo tiempo que aportan un desarrollo personal y profesional a las personas que los realizan. Es un “win to win”.

En MindCompanySport lo vemos cada día con nuestros clientes. Buscan que sus equipos de profesionales estén bien preparados para alcanzar los objetivos organizacionales y, al mismo tiempo, que se desarrollen para mejorar en sus aspiraciones laborales más personales. Es una filosofía plenamente deportiva. Filosofía MindCompanySport.

Porque en el deporte, desde donde nace el método MindcompanySport, cuando éste es de equipo, se busca combinar el rendimiento de los deportistas y del cuerpo técnico, que son contratados por el club (organización) para alcanzar unos objetivos. Y cuando es deporte individual, el cuerpo técnico busca lo mejor para el deportista, devolviéndole éste esa inversión con su esfuerzo y resultados.

Siempre hay una COMBINACIÓN equilibrada. Nuevamente, un “win to win”.

Por tanto, no es solo una adaptación del club a sus deportistas o del entrenador a sus deportistas. Los deportistas, también tienen que asumir “formas de hacer” y líneas a seguir. En las organizaciones, debemos de pensar de igual modo.

Porque, ambas partes, personas y organizaciones, se unen para rendir. Para tener una mejora personal. Para alcanzar unos objetivos organizacionales (o de club). Para mejorar y desarrollar sus carreras profesionales. Para eso se unen.

No podemos seguir con el cuento de que la formación, para que funcione, tiene que adaptarse a las personas en las empresas. Porque así complicamos algo que es muy sencillo.

Las personas y las empresas se unen por un interés y tienen que COMBINAR sus potenciales.

Hacer una formación adaptada a una tipología de profesionales y esperar que por eso repercuta en su rendimiento, no tiene sentido. Es jugar al azar con una inversión organizacional. No se trata de que no nos adaptemos a la tipología del profesional con el que convivimos en esta era, sino de que es un esfuerzo por ambas partes.

Tenemos que darle la vuelta al cuento de la formación.

Tenemos que conseguir que no sea la cenicienta del departamento de recursos humanos, que solo encuentra su zapato cuando los cuestionarios de calidad hablan sobre “lo bien que ha estado”, salvándola de su situación desangelada.

La formación tiene que servir a ambos protagonistas. Si solo buscamos la solución desde uno de ellos, seguiremos con los mismos problemas que tenemos hoy en día en los recursos humanos: que ya no sabemos ni como llamar a este departamento, ni como utilizar la formación para que de verdad impacte en la organización.

Me temo que este cuento, aún no se ha acabado.

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